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”Sencillo y Barato”

Eso Es Lo Que Dijo Mi Padre

Josephine Black Pesaresi

Mi Padre, Hugo L. Black murio en 1971. Su edad era 85 anos y fue el segundo Juez Asociado de La Corte Suprema de los Estados Unidos que mas tiempo se mantuvo activo en ella. Su carrera en La Corte Suprema se extendio por casi 35 anos. Siempre fue un avido jugador de Tennis y como tal sirvio en sus dos cortes favoritas: La Corte Suprema y la Cancha o Corte de Tennis hasta pocos meses antes de morir. El se retiro de las dos sin haber sido ese su deseo; pero murio en Paz con su Vida y tambien en su Muerte.

Fue enterrado en el Cementerio Nacional de Arlington, Virginia. No como un Juez de La Corte Suprema Estadounidense sino como Capitan de Caballeria durante la Primera Guerra Mundial. Su tumba se encuentra al lado de la de mi Madre, Josephine, quien muriera en el ano de 1951 y que habia servido en el NAVY durante la misma Guerra. Las lapidas de sus tumbas son del tipo comun que el Gobierno Estadounidense otorga a los que son enterrados en ese Camposanto. Solamente notan en sus inscripciones la fecha de nacimiento, la del deceso y el grado o rango de servicio en las Fuerzas Armadas.

El Servicio Funebre de mi Padre se efectuo en la Catedral Nacional de Washington, D.C. Mas de 1,000 personas atendieron dicho servicio, incluyendo el Presidente de los Estados Unidos, los Jueces de la Corte Suprema, otros Jueces, innumerables Congresistas y Senadores. El Obispo de la Catedral, Dean Francis Sayre, estuvo a cargo de la ceremonia y de la Despedida de Duelo.

Cuando fuimos a hacer los arreglos pertinentes a su funeral, solo teniamos en mente las directivas que mi Padre me habia dado: 1-) SENCILLO, 2-) BARATO, 3-) ATAUD CERRADO.

No hubieron cambios de ultima hora. Nuestra familia habia oido suficientemente la opinion que mi Padre tenia de “los mercaderes funerarios” y lo mucho que le enfadaba el altisimo costo de los funerales y de como los “funerarios” la mayoria de las veces se aprovechaban de la oportunidad para estafar a la familia en sus momentos mas vulnerables. Con las directivas de mi Padre frescas y firmemente implantadas en mi mente, planeamos nuestra visita a la funeraria para escoger el ataud. Habiamos escogidos de antemano la firma Gawler’s Funeral Home en Washington, D.C., la cual habia sido recomendada como el lugar apropiado por figuras de alto rango en el Gobierno de la Nacion. Esta funeraria fue adquirida por SCI, que es una de las grandes Corporaciones funerales en los Estados Unidos y mundialmente. Nuestro grupo incluyo tres miembros de la familia-mi hermano, mi medio hermano y yo-y dos Jueces de la Corte Suprema-el Juez Byron White y el Juez William Brennan.

El salon de Exposicion y Venta estaba decorado muy elegantemente. Las alfombras, las paredes empaneladas y la musica de fondo creaban un ambiente que demostraba gran gusto en su ejecucion. Al entrar a este lugar, lo que primero nos llamo la atencion hacia la izquierda fue un ataud muy lujoso de una madera oscura, fina y exquisitamente pulida. Este ataud estaba iluminado delicadamente para mostrar sus mas finas cualidades y la madera que se habia usado en su construccion. Descansaba en un catafalco cubierto en terciopelo caro. Daba la impresion de que estaba uno en la presencia de una combinacion de Ataud-Trono. Sin embargo, fuimos dirigidos hacia la derecha por el director funeral para inspeccionar toda la mercancia que se ofrecia. Los demas ataudes estaban alineados uno al lado del otro, la cabeza de uno estaba a los pies del que le seguia. Alineados asi y en forma semicircular al final de la cual se encontraba el Ataud-Trono, era evidentemente obvio de que trataba de guiarnos desde el mas barato y mas corriente hacia el mas caro y fino disponible en esa sala.

El primer ataud que vimos, fue el mas corriente y mas barato. Este estaba cubierto en Organza Rosada, adornado con Lazos de Satin Rosado y como especie de un Vuelo Rosado de estilo cortina cubria su parte inferior. Horriblemente atroz, una cosa tan totalmente ridicula que parecia haber llegado alli por equivocacion, se veia que no pertenecia en ese lugar. Los que seguian, tambien estaban cubierto de tela; pero esta tela daba la impresion de ser mas costosa que la de los anteriores. El empleado de la funeraria estaba sorprendido de que nosotros estuvieramos examinando este tipo de ataud, mucho menos preguntarle cuanto era el costo de ellos e indirectamente nos dejo saber de que estos no eran dignos de ser el ataud para el reposo final de una persona de tanta importancia y envergadura como la de mi Padre y comenzo a dirigirnos en la direccion del Ataud-Trono.

Nos detuvimos al frente de esta obra de arte, esta obra maestra de un ebanista de la mas alta categoria. Inclinamos nuestras cabezas como en oracion. “Este” declaro el funerario solemnemente, “es en el que debe reposar un Juez de la Corte Suprema de los Estados Unidos”. Cuando preguntamos el precio de ese ataud, el no respondio. Sin embargo dijo que aunque era el mas costoso en la funeraria, el sabia de que el precio no era de consequencia cuando se tenia en cuenta de que se trataba del entierro de una persona de posicion y envergadura como la de mi Padre. Considerar el costo de este ataud cuando se trataba de mi Padre y su posicion en la vida no era la pregunta que correspondia en ese momento.
Esta respuesta del funerario nos puso en guardia nuevamente, y al funerario, como dice el viejo Refran: ’Le salio el tiro por la culata’.

Repentina y casi simultaneamente, nos miramos los unos a los otros y sonriendo, las directivas que mi Padre nos habia dado salieron a relucir con tremenda fuerza: ‘BARATO’. Subitamente nos transportamos a otra dimension emocional -cosa comun en velorios de muertos- y saliendo de una profunda e inmensa tristeza entramos a una como de juego y broma. Alli mismo, en ese mismo momento, en ese salon de tanta elegancia, sabiamos lo que hariamos finalmente en honor a mi Padre. Nadie nos iba a desviar de que ‘BARATO’ era la meta final! Cuando lo presionamos, el funerario nos dijo que el Ataud-Trono costaba miles de dolares. Esa era la respuesta que esperabamos.

Nos dispersamos por el salon y zigzaguanedo, examinamos los demas ataudes en ese lugar preguntando el precio de cada uno de ellos. Todos los de madera fina y barnizados a mano fueron descartados como carisimos. Tendria que ser uno de los cubierto con tela. El funerario se quedo horrorizado cuando el Juez White, quien examinaba el cubierto con la Organza Rosada le pregunto ‘que es lo que habia debajo de esa tela’. El funerario le dijo que una caja corriente hecha de pino. Otro en el grupo le pregunto ‘que es lo que habia debajo de la tela del mas caro’. La respuesta fue ‘otra caja de pino’. Cuando se le pregunto tajantemente la diferencia entre ellos, ahora completamente confundido por nuestra actitud, el respondio ‘que el mas caro tenia una forma mas elegante, diferente’. Nos miramos los unos a los otros y de nuevo a los ataudes cubiertos con tela y nos dimos cuenta de que la figura y forma de todos era la misma. Que la diferencia entre ellos era solamente la cubierta de tela y el precio.

Cuando nos reunimos en conferencia final, uno pregunto: “por que no comprar el de Organza Rosada, el mas BARATO? La respuesta fue un resonante “SI”. Le dijimos al funerario de que comprariamos el de Organza Rosada por $ 165.00 siempre y cuando la odiosa cubierta de tela rosada fuera removida. El respondio de que eso era imposible, porque luciria horripilante. Nosotros, sin embargo, quisimos verificar que es lo que habia debajo de la tela porque ese era el que habiamos elegido. Uno de nosotros, arranco un pedacito, otro arranco un pedazo mas grande y finalmente todos comenzamos a desvestir el que comprariamos. Quitamos la cubierta, los horribles Lazos Rosados, el Satin Rosado. Casi toda la cubierta quedo en la alfombra de tan elegante lugar. En el ataud solo quedaron algunos pedacitos de tela que habian sido solidamente engomados.
Nosotros nos encontrabamos euforicos, habiamos seguido la directiva de mi Padre al pie de la letra. Y al haberlo hecho, tambien removimos las pretensiones a ese pretensioso salon (aunque estamos convencidos de que mi Padre hubiera sentido compasion por el pobre funerario).

Regresamos a la oficina del funerario para terminar la transaccion, el funerario, que ahora conocia nuestra decision de hacerlo todo ‘BARATO’, timidamente indico de que se debian rellenar tos hoyos que mostraban los clavos expuestos y de que la gomina usada debiar lijarse tambien dado el caso de que en las condiciones que habiamos dejado el ataud despues de remover la tela, lucia horrible. Tambien indico que tomaramos en consideracion de que la visitacion, a pesar de ser con el ataud cerrado en la funeraria como tambien en la Catedral, podria afectar la reputacion del establecimiento dada la pavorosa condicion del ataud. Decidimos de que era justo lo que el decia y accedimos a lo que el pidio, siempre y cuando no nos costara un centavo mas. El nos aseguro de que la funeraria absorberia todos esos gastos.

Dean Sayre hizo un ultimo pedido que coincidia con los deseos y forma de pensar de mi Padre. El pidio de que en el servicio funebre el ataud no fuera cubierto con la Bandera o que tuviera flores encima de la tapa. El, al igual que mi Padre, estaba muy consternado por el alto costo de enterrar a un muerto y de las deudas extraordinarias que los sobrevivientes adquieren cuando le dan sepultura a un familiar. El, al igual que mi Padre, queria demostrar al publico de que el costo del ataud no simbolizaba el profundo amor de la familia al fallecido y de que tampoco refleja la Estatura Social o Financiera alcanzada por dicha persona.